
El mercado argentina de los vinos parece estar al límite de la saturación.
Si en 2004 se registraron los nombres de casi 2000 vinos en 2005 la cantidad
ya bajó a 1500. La cantidad de marcas con presencia en los canales de venta
no llegan ni a 10% de la registración de nombres comerciales existentes en
los organismos encargados de esa tarea.
Tras la devaluación hubo una explosión de nuevas denominaciones de bebidas
alcohólicas de todo tipo. En el 2003 llegaban a 3.000 las marcas
registradas. Hoy se calcula que superan los 7.000 pedidos, según el
Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (INPI).
De este total, en el mercado se asegura que las de vino son 80% como mínimo,
aunque comercialmente sólo 500 pelean por estar en la mesa de los
argentinos.
Saturación
Ahora, esa explosión no parece continuar. Y el mercado llegó a un punto de
saturación porque el consumidor no diferencia entre todas las que están
peleando por llegar a la mesa.
“Se advierte una pequeña disminución respecto de los niveles del 2004”, explicó a Infobae, Daniel Quagliano, socio gerente del Estudio Señal, Marcas y Patentes.
El ejecutivo señaló que en el 2004 se anotaron 1.813 marcas de vino, y en los primeros diez meses del 2005, se inscribieron 1.478. La baja advertida hasta ahora es ínfima, pero refuerza la teoría de la saturación.Un dirigente del sector vitivinícola que prefirió hablar off the record, destacó que en el segmento de vinos de $10 a $15 se multiplicaron las marcas, lo cual se condice con la pirámide de consumo.
Para el ejecutivo, el glamour que caracterizó al sector llevó a perder una parte de realismo del negocio. “Al principio, colocar nuevos productos parece tener sustentabilidad por la curiosidad del consumidor, pero ese mismo consumidor es también racional”.
Los segmentos que escapan a esta proliferación de marcas son los de menor precio. En el rango que llega hasta los $5, los productos están concentrados en pocos jugadores. En los que van de $5 a $10, Norton, Trapiche, Familia Zuccardi, Chandon, Fecovita y La Rural se llevan la mayor porción del mercado.
Oportunismo
“Definitivamente hay una saturación. Existe aún una especie de boom y mucha gente, oportunista, decide comprar vino y crear una marca atraído por la situación de la industria. Esto complica al consumidor porque no puede discriminar una inversión seria de la que no lo es”, señaló Juan Pelizzatti, gerente de bodega Chakana.
En la misma sintonía se expresó Bruno Weinert, director comercial de Cavas de Weinert. “Los restaurantes y vinotecas tuvieron la presión de incorporar nuevas marcas. Pero se fueron dando cuenta de que tanta variedad les hace perder rentabilidad, porque los productos no rotan. Advirtieron que no vale la pena estoquearse y están bajando la cantidad de marcas y trabajan con 20 bodegas. Es la famosa decantación del mercado”.
Por su parte, Rafael Squassini, director comercial de Bodegas Robino, sostuvo que “una marca es un ser vivo, dinámico, está en movimiento y por eso entran y salen de los mercados”.
El ejecutivo también coincidió en que en algunos segmentos hay saturación. Recordó los supermercados, donde hay un surtido más grande que el nivel de consumo que se registra en esa superficie. La excesiva multiplicación tiende a regularse en el tiempo. Los especialistas consultados coincidieron en que durante el 2006 muchas desaparecerán.
El exceso de nombres comerciales le hace perder poder de negociación al sector, arma fundamental como contar con un producto de buena relación entre calidad y precio.
Un negocio con baja barrera de entradaRegistrar una marca en la Argentina no pareciera ser un trámite difícil,
mucho menos caro. E ingresar en el negocio del vino tampoco lo es tanto.
Claro, según el tipo de incursión que el interesado en cuestión quiera
tener. Lo cierto es que, con no más de $10.000, un potencial “inversor”
podría entrar en el negocio, aunque esto no garantiza su permanencia.Primero, registrar una marca en forma directa, sin intermediarios, en el
INPI, cuesta $100. Puede subir a $500 o $750 con intermediarios. El trámite
demora un año y medio, aproximadamente. En ese lapso, el INPI envía al
Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) la solicitud, a fin de que la
marca pedida no viole las reglamentaciones.
Si el INV da el visto bueno, vuelve al INPI, que termina de expedirse. Segundo, una etiqueta económica para 10.000 botellas puede insumir una inversión de $3.000.
Tercero, comprar vino para esas 10.000 botellas dependerá del costo del producto en ese momento. Hoy el precio ponderado está en $0,50, de modo que el gasto no superaría los $4.000.
El resto de los insumos se cubre con los casi $3.000 que quedan disponibles.
Con un ahorro que no supera los $10.000 se puede lanzar un vino al mercado.Y estas iniciativas se volvieron bastante frecuentes en los últimos años.
Sin embargo, en la industria creen que esta práctica se verá cada vez más
limitada, ya no sólo por lo que sucede en el mercado a nivel de marcas, sino
también porque es cada vez más difícil comprar vino bueno (quienes lo
producen prefieren asegurarse la venta con empresas ya reconocidas que con
aquellos que sólo explotan una parte del negocio).
La saturación de marcas, más el cada vez mayor conocimiento de los consumidores de aquellos productos con buena relación precio-calidad parecieran acorralar este tipo de prácticas hacia adelante.
Zonas aptas para el cultivo de la vid
La Argentina es la que posee mayor cantidad de viñedos en América del Sur: más de 210.000 hectáreas cultivadas.
La región apta para el cultivo de la vid se extiende a lo largo de la Cordillera de los Andes, desde los 22° hasta los 42° de latitud sur. La gran amplitud latitudinal, combinada con la topografía de los valles andinos, ofrece grandes variaciones ecológicas que permiten el cultivo de una amplia gama de cepajes.
En general, se trata de zonas con inviernos bien marcados, veranos calurosos y buena insolación. La baja precipitación obliga al riego artificial a partir de ríos o agua subterránea, configurando así verdaderos oasis perfectamente delimitados y separados.
Es fundamentalmente una vitivinicultura de oasis de altura, con pendientes que oscilan entre valores cercanos al 2% en las regiones pedemontanas, hasta alrededor del 0,2% en las regiones más planas, y no existen prácticamente viñedos en las laderas de las montañas. La altitud varía entre los 450 y los 1800 m sobre el nivel del mar.
La vitivinicultura es en la Argentina la principal actividad agrícola industrial de mano de obra intensiva y alto valor agregado en todas las instancias de la cadena productiva. No se trata de un commodity.
Fuentes: Corporación Vitivinícola Argentina y Fondo Vitivinícolo Mendoza. Extraído de La Nación
